Me gusta caminar sin prisas, sobre todo cuando el cielo está nublado. Me gusta la trova y la maestría con que Filio escribe sus canciones de amor, tanto más que aquellas en las que se refiere a la problemática social, que no por estar musicalizada deja de ser grave. Me gustan las películas románticas, las que dejan un mensaje y las que hacen reír, quizás no porque el personaje sea divertido sino más bien a causa de verme reflejado en él. Aprecio como pocas cosas el agua helada de zarzaparrilla en la única fuente de sodas sobre la principal calle de mi ciudad. Me gusta mirar la luna con todo y su conejo porque me recuerda que yo también lo fui: un conejo en la secundaria.

Me gustan las columnas de Germán Dehesa, tanto que es casi lo primero que leo al comenzar el día; le admiro su forma de contar lo que de primera mano a muchos nos parecerían simplezas; igual y en una de esas me animo a escribirle un correo para contarle que mi mamá, como la de él, también dice: “¡que se estén!” o “¡es que son!”.